Os adjunto este texto publicado por Sevillistas en las Palmas, la web del sevillismo en Canarias:
Hoy hace un año, se fraguó la historia de un mito. Un mito imperecedero en el corazón del Sevillismo. Hoy hace un año, a las dos y media de la tarde, se cerró para siempre, ese chorreo mágico de fútbol primoroso que destilaba la bota de diamantes de Antonio. Recuerdo, como si fuera ayer, ese fatídico día 25 de agosto, en el que el Sevilla abría una mágica temporada cuajada de ilusiones y esperanzas. Estábamos en el Hotel Fataga, todos encandilados y entusiasmados con el juego del Sevilla, que ya venía de propinar una verdadera somanta a los madridistas.
El Sevilla, esa prodigiosa maquinaria de hace buen fútbol, estremecía los cimientos del Fútbol europeo. Imponía respecto. Ese principio de temporada 2007-2008, nuestro equipo nos presagiaba un mágico año, cuajado de éxitos. La Champions aguardaba. La liga se acercaba y nos apuntaba, como uno de sus principales protagonistas. Si; fue esa fatídica noche de día 25 de agosto, en la que nuestra ilusión se vio truncada por ese amargor, que muchas veces la vida nos depara.
El partido contra el Getafe no empezó del todo bien. A primeras de cambio, el Sevilla, de forma inesperada, encaja un gol de falta, que nos deja a todos mudos en el asiento. El Sevilla parecía atenazado a los primeros compases del partido, sorprendido por un Getafe, lleno de pundonor, demostrando de forma clara, que no hay enemigo pequeño, que la Gloria se gana, en cada instante, a base de derroche, de sacrificio y pundonor. El Sevilla trastabillaba; quería pero no podía.
En el minuto dieciséis de juego, algo ocurrió que nos paralizó el semblante. De forma intempestiva, y casi como en un mal sueño, Antonio caía desplomado cerca del área del Gol Sur. Probablemente un desfallecimiento, un pequeño mareo propiciado por el sofocante calor del estío sevillano. Pero no; Ívica Dragutinovic, ese magnífico jugador sevillista, percibió bien a las claras, que la cara impávida de Antonio Puerta, y su inesperado desplome, no era producto de un mareo, ni de un mero desequilibrio producido por una errática lesión; ese derrumbe premonitorio, extraño, e impropio, denotaba algo más grave, por eso no dudo en correr en pos de Antonio e intentar avivar esa llamita de vida que todavía latía en el corazón de Antonio.
Antonio, después del repentino desmayo, y del susto de todos, emergió de la muerte, y se incorporó momentáneamente al mundo de los vivos, pero lo hizo con ese aura de muerte escrita en su pálido semblante. Ayudado por el fisioterapeuta del Sevilla, salió del campo de juego, despejando, por momentos, esa nebulosa de horror, que súbitamente, pareció invadirnos.
¡Qué le habrá pasado a Antonio! Ya minutos antes de trágico suceso, comenté a uno de los colegas que juntó a mí presenciaba el partido, que algo raro le pasaba a Antonio. Recuerdo ese súbito sentimiento, como si lo viviera ahora mismo. Antonio Puerta, no era el mismo. Desde primer momento, advertí que Antonio carecía de fuerzas. Transido de su orgulloso sevillista, quería a toda costa burlar el destino, y proseguir el partido, pero su corazón, joven corazón, se apagaba lentamente.
Cuando vi a Puerta inerte en el suelo, un sentimiento de pánico me corrió por las venas, sin saber bien porqué. Pronto los comentaristas de LA SEXTA, advirtieron, los esforzados intentos de Ivica, tratando de resucitar a Antonio. Todo tan extraño e irreal. Antonio, pura vida, pura salud, verdadero portento de la naturaleza, se ahogaba lentamente, en el Sánchez Pizjuán, estadio, que había sido su cuna, y que ahora, se convertía en su sepulto.
A los pocos minutos, la Televisión advertía, ante la sorpresa de todos, que Antonio, había sufrido varios infartos. Por mi mente pasó de repente la sospecha de que Antonio, jamás volvería a jugar al fútbol. Menuda desgracia. Pero jamás abrigué en mi corazón, que nuestro canterano, entregaría a la parca su jovencísima y prometedora existencia.
Después, y como si de una pesadilla se tratara, se fueron sucediendo los acontecimientos. Nuestro Antonio, entraba en el Hospital, desfallecido, y con una grave dolencia cardiaca. Todos nos quedamos atónitos, contemplando el rostro desencajado y sufriente de su madre. El gesto de inconmensurable preocupación de Don José María en el palco…
El Sevillismo se tambaleaba sobrecogido ante la agonía de nuestro jugador más carismático. Fueron tres días de horror, los que se sucedieron. El Sevilliso, no creo que jamás haya vivido unos momentos de tanta angustia, de tanta desazón. Ya nada importaba; ni los trofeos ganados, ni la maravillosa temporada que se le avecinaba, ni las alegrías inmensas que el mejor equipo del mundo, nos había hecho vivir. Ya nada importaba. Lo hubiéramos cambiado todo, por unas horas más de vida de nuestro eterno jugador sevillista…
Ahora después de un año en el que Antonio ascendió al cielo de los elegidos, su nombre late con la misma fuera en nuestros corazones. Muchas veces, advierto, que mi mente y mi alma me traicionan, y dejo que mis dedos tecleen el mágico nombre de Antonio, de entre una pléyade de unos jugadores, que han marcado la etapa dorada del Sevillismo. Palop, Alves, Javi Navarro, Escudé, Puerta… Poulsen, Maresca, Adriano, Navas, Kanouté y Luis Fabiano… todos sevillistas… ahora y siempre, por más que vistan ahora de blanco, de azul-grana, de celeste, de verde, de negro…
Antonio, por más que pase el tiempo, y por más que el Sevilla conquiste títulos –que lo hará- formará parte indeleble de la leyenda de oro del mejor equipo del mundo. Su nombre, gravitará por siempre en el aire festivo del Sánchez Pizjuán, en sus tardes excelsas de buen futbol, en el eterno cántico de los “Biris”, en el aplauso eterno del sevillismo, en el júbilo exaltado que irrumpe de entre las gargantas de miles de aficionados sevillistas.
Por siempre Puerta. Tú siempre estarás aquí, entre nosotros, y te sentiremos, como si jamás hubieras osado dejarnos aquel lúgubre día 28 de agosto de 2008. Tú eres y serás siempre nuestro orgullo y nuestra inspiración. Jamás te olvidaremos. ANTONIO PUERTA, la zurda de diamantes.