18/XII/1997. JUNTA GENERAL DECISIVA.
Ante el momento convulso que atraviesa el rival del final de la Palmera.
Me viene a la memoria esa fecha del titular de 18 de diciembre de 1997.
En nuestra casa sevillista, también vivíamos unos momentos de incertidumbre y de sustos, un día si, y al otro también.
El capital social subscrito por el Sevilla en esos momentos era de 690 millones de pesetas, pero existía un problema y gordo.
325 millones, casi la mitad del capital, estaba invalidado por los jueces, ante los problemas de venta de los Cuervas-Alvárez y Miguel Aguilar a Francisco Escobar con el respaldo de Antena 3, y la posible venta ilegal de este a González de Caldas.
El constructor tenía por su parte más de 113 millones con la unión de su socio López Benjumea, esto significaba que tenía una mayoría absoluta para hacer y deshacer a su antojo.
Igual que viene ocurriendo con Lopera en el Betis, hasta el pasado día 14, que la jueza Mercedes Alaya le ha parado los pies con su inhabilitación momentánea.
La situación es mucho peor en el Betis, pero la solución puede ser similar.
Si los béticos, los de verdad, no los que Benito Villamarín, les llamaba “béticos de taberna” que ahora también abundan, buscan soluciones rápidas.
Ese día 18 de diciembre, la Junta General del Sevilla, aprobó una ampliación de capital con anulación del derecho preferente.
En aquel momento, todo el sevillismo estuvo de acuerdo, evidentemente el único que no estaba de acuerdo era González de Caldas.
La intervención judicial de los 325 millones mencionados, conocidos como el “paquete maldito” resultaron providencial, para dar el espaldarazo definitivo al primer golpe que ya había dado José María Del Nido en aquella recordada asamblea del Word Trade Center, en donde el actual presidente del Sevilla se había cargado de un certero golpe al equipo que comandaba González de Caldas.
Ahora llegaría el golpe definitivo.
Existía la incertidumbre de que haría el juez con el paquete maldito.
Si se lo adjudicaba a González de Caldas estábamos en las manos del depuesto presidente.
Por ello la aprobada ampliación de capital era vital.
Se acordó que la ampliación sería de 600 millones.
Se sabía que era complicado que la suscripción se cubriera, pero si se lograba superar los 300 millones, el futuro estaba garantizado.
El grupo de Utrera, más Rafael Carrión, más Eduardo Romero y más el incondicional grupo de accionista minoritarios, rebasaban y esos 300 millones, sería inalcanzable para el constructor y los suyos.
Se vendieron 343 millones, lo cual hizo que el capital social del Sevilla, ascendiera a 1.034 millones de pesetas.
Ya la mitad del capital se ponía en 517 millones.
De ninguna manera se lograría mayoría, si no se contaba con los minoritarios.
Esa y no otra es la solución actual del Betis.
Aprovechar la inhabilitación momentánea de las acciones de Lopera por parte de la juez.
Aprobar una ampliación de capital con carácter urgente y sin aplicación del derecho preferente, cosa que es posible con la inhabilitación actual.
Los béticos tendrían que subir su capital social de los mil cien millones de pesetas actuales a dos mil. Es decir una suscripción de 900 millones- siempre hablando en pesetas- con lo cual las acciones de Lopera, en el supuesto de que le fuesen devuelto sus derechos políticos, se quedarían en minoría. Lopera pasaría de ostentar el 51% actual a un 25%. Con esa medida no solo se queda en minoría, si no que además el valor de sus acciones pasaría casi a su valor real, es decir algo más de 500 millones de pesetas.
3 millones de euros, cantidad irrisoria en los momentos actuales para el devenir de un club de fútbol.
30.000 béticos con una mínima aportación de 180 euros pueden cubrir perfectamente la ampliación de capital y hacerse dueño absoluto del club.
Claro que para que esto suceda, muchos béticos deberían de dejar de ser “béticos de tabernas”








